jueves, 30 de mayo de 2013

LA ESTEPA DE LOS MALDITOS




Una gran tempestad de nieve envolvía el tren. Fuera el viento no
paraba de rugir. En el interior de uno de los vagones una pareja
intentaba mirar por una de las ventanillas más próxima. Enfrente de
ellos viajaba un matrimonio que posaba sus ojos sobre el suelo del
compartimento. No tardó el tren en llegar a una pequeña estación y
un grupo de jóvenes con indumentaria libertaria irrumpió en el interior
del vagón. Éstos no paraban de reír y beber de una botella de
vodka. De pronto uno de los milicianos se dirigió hacia donde estaba
el matrimonio sentado.
—Vosotros ¿por qué estáis tan serios? Tendríais que estar contentos
por el triunfo de la revolución.
El matrimonio, siempre en silencio, continuaba con la mirada
posada sobre el suelo del vagón. El joven libertario empezó a ponerse
nervioso y llamó a sus compañeros. Éstos no tardaron en llegar.
—Seguro que este matrimonio son simpatizantes del ejército
blanco— dijo uno de los milicianos.
—Nosotros no queremos saber nada de política, sólo queremos
vivir tranquilos y en paz –alzó el hombre los ojos del suelo.
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—Vaya, si tiene voz – continuó diciendo uno de los jóvenes
mientras se dirigía a sentarse en un rincón del vagón seguido por el
resto de milicianos.
De pronto el hombre que estaba sentado con la mujer, mirando
por la ventanilla se dirigió a su acompañante:
—¿Qué es eso del ejército blanco?
—Muy sencillo es el ejército del zar y estos jóvenes son milicianos
del ejército rojo.
—Qué difícil.
—Tranquilo, que poco a poco, lo irás comprendiendo todo.
Los jóvenes milicianos sentados en el suelo, empezaron a entonar
canciones populares rusas. Pero el tono fue decayendo progresivamente
debido al cansancio. A los pocos minutos dormían
apoyados unos con otros. Mientras fuera del vagón la tempestad no
parecía tener fin. El tren incluso se balanceaba por las rachas del gélido
viento. El hombre que viajaba con la muchacha decidió sacar
un trozo de pan con queso y tras partirlo se lo ofreció a su bella
acompañante. Ésta lo tomó y le pidió que sacara un poco de vino.
Le ofrecieron comida y bebida al matrimonio que viajaba enfrente
de ellos, pero para su sorpresa no recibieron ningún tipo de respuesta.
La pareja continuó disfrutando de la cena. Un gran silencio
se extendía por el vagón sólo roto por las embestidas de la tempestad
y por los ronquidos de los milicianos.
No tardó el tren en llegar a otra estación y la pareja descendió
del vagón ante la mirada inexpresiva del matrimonio. Fuera no tardaron
en percibirse de la fría noche. De pronto ambos fueron rodeados
por unos individuos cubiertos por unas oscuras y pulcras
gabardinas. De entre éstos, surgió la voz de una mujer:
—¿Eres María?
—Sí, soy yo.
—Mi nombre es Nadezhda y soy la compañera de tu primo. Él
me pidió que viniera en tu busca. Llevamos aquí más de cuatro horas
esperando.
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María escuchaba atentamente a la mujer y no tardó en darse
cuenta de la gran personalidad y carisma que tenía.
Siempre acompañados de los hombres y de la mujer de las gabardinas,
la pareja subió en un coche. Éste se puso en marcha y
María vio al grupo de milicianos con los que se encontraron en el
vagón. Los jóvenes continuaban montando alboroto por las calles y
sus cánticos revolucionarios se podían oír hasta en el interior del vehículo.
Una fuerte tempestad de nieve caía del cielo de Moscú. Grupos
de personas con indumentaria obrera se precipitaban hacia el
coche. Aran estaba realmente asombrado. El joven armenio nunca
había estado en una gran ciudad como Moscú. El auto tras sortear
unas cuantas calles se detuvo, habían llegado al destino.
Cuando Nadezhda abrió la puerta del despacho, María se lanzó
sobre el hombre que estaba sentado junto a una mesa leyendo unos
documentos. No podía creérselo, por fin estaba con su primo. La
periodista, dejó un momento de abrazarlo y se quedó mirando sus
rasgados ojos, su prematura calvicie y su imponente perilla. Lenin,
logró hablar y se dirigió a su prima:
—Espero que hayáis tenido un buen viaje. Hace mucho frío debido
a una ola de frío polar. Puede ser que estemos a -30 grados.
—Sí, hace muchísimo frío y además estamos muy cansados.
—Pues ahora cenaréis y después a descansar. Mañana me darás
noticias del tío Pedro.
—No te preocupes, por supuesto, tengo muchas cosas que contarte.
Y por cierto me encanta tu perilla estás guapísimo y muy interesante.
Al día siguiente, María y Aran se levantaron con mucha hambre
y se asombraron de encontrar a Lenin preparando el desayuno. Éste,
al parecer adivinar los pensamientos de la pareja exclamó:
—Las tareas del hogar deben ser compartidas por los dos sexos.
La importancia que se le da a la mujer en el hogar es lo que la esclaviza.
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—Me gusta mucho tu filosofía, primo.
—Tu mujer es muy interesante y parece tener mucha cultura.
Las palabras del armenio no parecieron gustar nada al presidente
comunista. Que tras dejar las tazas de café encima de la mesa se volvió
hacia Aran:
—Nadezhda no es mi mujer, y mucho menos propiedad de
nadie, ella es mi compañera.
Aran tras las palabras del líder revolucionario optó por callarse.
María decidió cambiar de conversación:
—Primo, por favor, háblame de Nadezhda, es fabulosa.
—Sí, tienes razón ella es muy especial para mí, siempre estuvo a
mi lado en mis años de exilio. Ella ahora es comisaria de educación
y está enseñando a muchos niños a leer y a escribir. Muchas veces
me recuerda a mi padre, él siempre luchó por dar a Rusia una enseñanza
gratuita y de calidad.
María no tardó en darse cuenta que el recuerdo de su tío había
abierto una vieja brecha en su primo. Nadezhda para evitar el incómodo
silencio que empezaba a extenderse por la estancia, decidió
hablar a la prima de su esposo:
—¿Te gustaría venir conmigo a clase hoy? Luego iremos a la biblioteca.
—Oh será un gran placer, me encantan los niños.
—Tú Aran, me acompañarás a hacer unas cuantas gestiones.
Nos mudamos al Kremlin – añadió Lenin.
—¿El Kremlin, qué es eso?
—Es un conjunto de construcciones históricas que se encuentra
en el corazón de Moscú. Antes estaba destinado para ser visitado
por turistas e interesados y ahora tras el triunfo de la revolución servirá
como vivienda del primer gobierno soviético.
Cuando el líder terminó de contestar al armenio, Nadezhda la
docente se levantó y tras hacer un gesto a María salieron a la calle.
Los dos hombres aún se quedaron un rato más hablando.
La calle era un hervidero de gente. Las dos mujeres se abrían
paso, cómo podían, entre la muchedumbre. No tardaron en llegar a
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un viejo edificio y cuando entraron María tuvo la sensación de que
hacía más frío que en el exterior. Nadezhda y la prima de su esposo
entraron en un aula y recibieron los buenos días de un grupo de
niños vestidos con harapos y con las caras sucias. La docente tras
contestar los buenos días a los rapaces ocupó su lugar y María la
imitó sentándose junto a ella. La profesora se dirigió a sus alumnos.
Acababa de empezar la lección.
—Hoy estudiaremos las letras. ¿Conocéis alguna?
La veterana profesora interpretó el silencio como una negativa
y rápidamente se dirigió a la pizarra. Con la tiza en su mano derecha
trazó una letra cirílica, la “A”. Después llamó a una preciosa niña
con el cabello rubio, en forma de caracoles llamada Nastia. La criatura
se levantó y se dirigió hacia la pizarra. María que observaba la
escena no tardó en darse cuenta de que quizá había equivocado su
trayectoria universitaria, le encantaba la docencia. La profesora fue
sacando uno a uno a todos los alumnos y les hizo escribir repetidamente
la misma letra. Estaba la joven observando la evolución de la
clase cuando se dio cuenta de que se le había olvidado ir a visitar a
su padre. Hacía meses que no lo veía, desde que se fue a Yerevan a
casa de su tío Pedro. Pero su larga preocupación se difuminó cuando
la docente anunció el final de la lección. Un gran alboroto se adueñó
de la clase. La profesora, pidió silencio entre los gritos de los rapaces.
Éstos a empellones salieron de la clase riendo y alborotando.
Fuera en la calle María comunicó a la profesora su interés de visitar
a su padre. Nadezhda no puso ningún tipo de inconveniente y
se ofreció para acompañarla. Las dos mujeres se pusieron en camino,
bajo una nieve que nunca parecía tener fin.
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El Kremlin está situado sobre la cima de la colina Borovitski.
Está formado por un conjunto de iglesias y catedrales. Sus resplandecientes
cúpulas son el orgullo del pueblo ruso. Alguna de estas
catedrales tiene más de cinco siglos.
Aran paseaba por el Kremlin acompañado del líder soviético.
Ambos observaban las centenarias catedrales que formaban esta impresionante
construcción. De pronto el armenio se quedó asombrado
al ver una enorme campana. Lenin al ver la mirada pétrea de
su acompañante decidió acercarse.
—Estás delante de la mayor campana que se haya fundido jamás.
Pesa alrededor de 200 toneladas y tiene una altura de 6,14 m. Como
puedes observar por este lado tiene un gran orificio, esto fue debido
a que hubo un gran incendio y la gente echó agua fría. La campana
no soportó el contraste de la temperatura del líquido elemento y
esto provocó el desprendimiento de un trozo de fragmento.
—Enhorabuena amigo, tienes un guía de lujo.
Los dos hombres se giraron y se encontraron con un hombre
que llevaba perilla y unas lentes redondas.
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—Aran, te presento al auténtico líder y creador de la Unión Soviética,
León Trotsky. Este hombre es el responsable del ejército
rojo. Sin él no hubiéramos logrado nunca el triunfo de la revolución—
añadió Lenin, visiblemente exultado.
El armenio observaba a los dos hombres y abrazó el convencimiento
de que se encontraba delante de las personas más inteligentes
e interesantes que jamás había conocido. Aran empezó a sentirse realmente
incomodo, se sentía tan insignificante al lado de aquellas
dos personalidades.
—Es un auténtico placer— logró articular.
—Este chico es el novio de mi prima. Es de Yerevan, Armenia—
continuó diciendo Lenin.
—Vaya muy interesante. Del Cáucaso— añadió León mientras
se quitaba sus lentes para limpiarlas con un pañuelo.
Los tres hombres se alejaron de la campana y el armenio se dio
cuenta de la presencia de un hermoso cañón, pero decidió no hacer
más preguntas.
—Bueno, luego os veré ahora debo ir a repasar las tropas.
—Tranquilo León, tienes todo el día.
—Estamos en una guerra civil contra el ejército blanco y nosotros
los rojos tenemos que estar a la altura de las circunstancias.
—Siempre tan metódico y organizado— aseguró Lenin mientras
veía como su compañero se alejaba entre los copos de nieve.
—Interesante hombre – aseguró Aran.
—Es una de las personas que más admiro. Tiene una enorme
inteligencia – dijo Lenin.
—Se le nota en la mirada. Debe de ser muy culto.
—Sí, tiene unos vastos conocimientos.
Estaban los dos hombres a punto de entrar en el Kremlin
cuando unas voces femeninas sonaron a sus espaldas. María y Nadezhda
aceleraron el paso para reencontrarse cuanto antes con éstos.
Al llegar la periodista, besó con cariño al armenio.
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—Acabamos de venir de ver a mi padre, tiene muchas ganas de
conocerte. Le he prometido que hoy o mañana iremos a cenar con
él – dijo María a Aran.
—Me parece muy bien. Yo también tengo muchas ganas de conocerle.
—Cariño, acabamos de ver a Josef. Tu prima ya lo conoce
— dijo de ponto Nadezhda a Lenin.
—¿Qué impresión te ha dado, prima? – quiso saber el bolchevique
(relativo a bolcheviquismo y su doctrina revolucionaria).
—Pues la verdad es que no me gusta nada ese hombre. No he
sentido muy buenas vibraciones y me parece un ser bastante extraño.
—Bueno, quizás tengas razón, pero es conocerlo. Josef Stalin
nació en Georgia. Desde muy pequeño ingresó en un seminario,
pero fue expulsado por sus ideas subversivas – explicó Lenin—.
Unos años después fue detenido y deportado a Siberia por protagonizar
actividades insurrectas contra el zarismo. Luego logró escapar
del cautiverio pero no tardó otra vez en pisar el suelo de Siberia,
de donde de nuevo volvió a escapar. Cuando por fin estalló la revolución
se unió a la causa socialista. Josef se hacía llamar con el apelativo
de Stalin (acero), apodo que copió de un antiguo carcelero
que tuvo.
– Qué pasado más inquietante. Entonces a partir de hoy ¿viviréis
aquí en el Kremlin?— preguntó María.
—Sí, y vosotros os quedaréis donde vivíamos tu primo y yo
—contestó Nadezhda, la docente.
—De verdad, no os tenéis que tomar tantas molestias, podemos
ir a casa de mi padre.
—No se hable más, viviréis donde dice mi compañera— dijo
Lenin y todos se dieron cuenta de que su tono de voz no admitía
réplica.
Las dos parejas entraron dentro del Kremlin y fueron guiados
por un sonriente hombre con indumentaria obrera hasta una gran
mesa para comer. Cuando se sentaron Aran pensó en su familia, en
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el doctor y en la familia Ivanov. También le vinieron los recuerdos
en la taberna la Rosa de los Vientos. Llevaba sólo dos días en Moscú
y realmente añoraba Armenia. Un fuerte estruendo le sacó de sus
cavilaciones.
—¿Qué fue ese ruido?— quiso saber María.
—Eso son entrenamientos de nuestros milicianos – respondió
el líder bolchevique.
Pero las palabras del dirigente de la Unión Soviética estaban muy
lejos de la realidad. El estruendo fue el fusilamiento de cuatro soldados
del ejército blanco que nunca más verían a sus familias. La
comida siguió su curso como el río Volga fluye a escasos cientos de
metros de donde nuestros amigos disfrutaban de la copiosa comida.
De pronto la puerta de la estancia se abrió y apareció un alto mando
del ejército rojo. Lenin rápidamente se puso en pie y fue al encuentro
del recién llegado.
—¿Qué diablos haces aquí, se puede saber? – preguntó el bolchevique
en voz baja.
—He recibido varios telegramas urgentes, informándome de
que los campesinos empiezan a notar la escasez de alimentos y tememos
que haya una sublevación.
—Decirles que tengan paciencia.
Tras el intercambio de palabras el líder soviético volvió a la mesa
y continuaron con la comida. Desde fuera les llegaba el ruido del
impacto de las botas del alto mando mientras se alejaba por uno de
los pasillos del Kremlin...

12 comentarios:

  1. Me ha encantado leerte, y me encanta la portada del blog!!!

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  2. Gracias por compartir estas primeras páginas, para mi una narración muy expresiva.
    Siempre adelante :)

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  3. Mis compañeros de trabajo y yo hemos comentado tus obras y nos parecen muy amenas y que enganchan a los lectores.Histórica y entretenida.

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  4. Me parece muy interesante y entretenida tu obra.

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  5. Es muy interesante y me dan ganas de seguir leyendo

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  6. Buscaré y compraré el libro para para terminar de leer tu creación......es una obra que engancha al lector.......

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  7. Me gusta. Dile a tu amigo como encontrarlo

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