viernes, 28 de marzo de 2014

LA ESTEPA DE LOS MALDITOS:


 Nadezhda y María, irrumpieron en la biblioteca del Kremlin. Lenin al verlas aparecer levantó la vista de su libro.
¿Sabes una cosa? — estalló su esposa indignada— Ese hombre que has mandado detener, tiene un hijo pequeño, al que debe de cuidar.
Está acusado de traición a la Unión Soviética – contestó el bolchevique, mientras se quitaba las lentes –. Y se sospecha que quizás podría estar involucrado en el atentado que padecí y en el que casi pierdo la vida.
Yo no puedo entender tu política comunista, lideras una revolución en contra de los abusos del imperialismo zarista y ahora tú haces lo mismo que hacían los zares.
Estamos en una guerra civil cariño. No podemos bajar la guardia.
Y por eso llenas de inocentes los campos de concentra-ción.
María estaba asombrada escuchando la conversación. Si cuando conoció a Nadezhda ya le pareció una persona muy interesante, ahora le parecía una mujer realmente excepcional.
La periodista miró a su compañera y sus ojos brillaron de admiración.
Mira — continuaba Lenin — Todo es muy complica-do y difícil de comprender.
La madre de una alumna de mi escuela, está de camino a Siberia. La pobre mujer, harta de los malos tratos de su marido, ha decidido acabar con éste, para poner fin a su calvario. Fue en defensa propia. Sin un juicio justo, esta madre estará en estos momentos camino del infierno blanco – se lamentó Nadezhda – ¿Qué tienes que decir al respecto? ¿ Ella también está en contra del sistema del proletariado? – esta última pregunta iba cargada de ironía.
No te preocupes, allí no le faltará de nada. Haré todo lo que pueda por ella. Te doy mi palabra de honor.
Quiero que sepas, que María y yo, nos haremos cargo de su hija y del hijo del anarquista, que mandaste detener. ¿Sabes una cosa? Muchas veces me pregunto dónde está el joven idealista que conocí, con el que compartí muchas experiencias en Europa, y que a toda costa, quería cambiar el mundo.
Bien cariño, cómo te he dicho antes, la política es muy complicada. Tú eres la responsable de educación, no te será difícil hacerte cargo de los niños. Ahora mismo empezaré los trámites para poder darle a esa madre un puesto de trabajo en los campos de prisioneros.
Sí, y ya estás tardando.
Lenin vio a las dos mujeres, como salían de la estancia y esbozó un largo suspiro. Si había alguien, con quien el alto mando bolchevique odiara enfrentarse, esa era su esposa. 

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